Trato directo. Datos en la mesa. Y no me rindo hasta que cierras.
Llevo seis años en esto. Empecé gestionando campañas para marcas grandes, con +6M€ de inversión publicitaria al año y equipos de análisis detrás. Aprendes rápido cuando los números tienen que cuadrar a final de cada mes y no hay margen para experimentos.
Lo que me quedó de esa etapa es criterio. Sé en pocos días qué va a funcionar para cada negocio y qué no. Sin rodeos. Desde el primer día estamos haciendo cosas con impacto real, no calentando motores.
En un momento decidí hacer algo más directo: trabajar con negocios de servicios donde se nota lo que haces. Sin gestor intermedio, sin informes de relleno. Yo me encargo de todo. Cuando algo no va bien, lo sabes antes de que termine el mes.
Si cierras conmigo, no estás contratando una agencia. Estás contratando a alguien que va a tratar tu negocio como si fuera el suyo durante el tiempo que trabajemos juntos.
Reseñas reales, con nombre y apellido. Cada una contrastable con una llamada de 5 minutos. Pídeme el contacto del que más se parezca a tu caso.
No es marketing de escasez. Es matemática. Si yo soy el que ejecuta y analiza cada cuenta, en algún punto la atención se diluye. Doce es el techo que aguanta hacerlo todo a mi nivel. Cuando se llena, se cierra hasta que alguien rota.
Cuatro plazas libres para 2026. Si tu negocio encaja, la siguiente puede ser la tuya.
Cuéntame qué vendes, a quién y qué has probado. Te digo honestamente si puedo ayudarte y cómo lo plantearía. Da igual el sector: si el ticket justifica el sistema, hay camino. Si no hay fit, te lo digo y te ahorras meses.
Una llamada de WhatsApp. Sin formulario. Sin que te llamen tres comerciales. Solo tú y yo, viendo si tiene sentido.